“Las tasas de reincidencia por conducción bajo los efectos del alcohol eclipsan las de la conducción bajo los efectos del alcohol, lo que sugiere que las penas actuales no son efectivas para evitar que algunos conductores de drogas repitan sus delitos y pongan a todos en riesgo”, dijo Dennis.
“La introducción de un plan nacional de rehabilitación de conductores bajo los efectos de las drogas, similar al que existe para la conducción bajo los efectos del alcohol, también podría ayudar a reducir la reincidencia. Otros países, como Australia, ya utilizan de forma rutinaria pruebas de saliva en las carreteras a los conductores sospechosos de consumir drogas, y necesitamos urgentemente un sistema similar en el Reino Unido”.
Actualmente, la pena por conducir bajo los efectos de las drogas es una prohibición de conducir de un mínimo de 12 meses (36 meses si es declarado culpable dos o más veces en un plazo de tres años), una multa ilimitada y hasta seis meses de prisión, idéntica a la de conducir bajo los efectos del alcohol.
A principios de este año, el Gobierno anunció su nueva Estrategia de Seguridad Vialen el que prometió revisiones sobre las sentencias por conducir bajo los efectos del alcohol y las drogas, además de una consulta sobre el uso de dispositivos de seguridad contra el alcohol para prevenir la reincidencia al conducir bajo los efectos del alcohol.
El Departamento de Transporte dijo que planea introducir “nuevos poderes fuertes para suspender los permisos de conducir a los conductores de drogas, nuevas pruebas en carretera y consecuencias más duras y rápidas cuando los pillemos”.
“Durante demasiado tiempo, nuestro sistema de aplicación de la ley ha luchado por mantener el ritmo de la magnitud de este problema. Pero aquellos que consumen drogas y se ponen al volante ya no quedarán impunes”, afirmó un portavoz del Gobierno.
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